La vida no es corta, sino que nosotros la hacemos corta con nuestro desperdicio del tiempo. No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.
La vida es lo suficientemente larga para aquellos que la utilizan sabiamente. Observa a quienes se quejan de que la vida es demasiado breve: malgastan su tiempo en deseos insaciables, en placeres vanos, en preocupaciones innecesarias, en la acumulación de riquezas que nunca disfrutarán.
Se distraen con lo que no es esencial y, cuando se dan cuenta, la vida ha pasado sin haber sido realmente vivida. No es la falta de tiempo lo que nos aflige, sino la incapacidad de vivir en el presente.
Nos preocupamos por el futuro como si fuese eterno, y lamentamos el pasado sin aprender de él. Dividimos nuestra existencia entre lo que ya no podemos cambiar y lo que aún no ha llegado, sin prestar atención al único momento real: el ahora.
El sabio es aquel que toma el control de su vida, que no permite que el tiempo se le escape entre los dedos. No pospone la felicidad ni deja para mañana lo que debe hacer hoy. Vive con intensidad, pero sin prisa; con plenitud, pero sin apego. Porque quien ha aprendido a vivir bien, nunca teme a la muerte: sabe que no importa cuánto dure su vida, sino cómo la ha vivido.
Así que deja de quejarte de la brevedad del tiempo. No es el tiempo el que te falta, sino la conciencia para aprovecharlo. Vive de tal manera que cada día sea completo en sí mismo, y así, cuando llegue el final, no lamentarás el tiempo perdido, sino que celebrarás el tiempo vivido.
**Un recordatorio de que el verdadero problema no es la brevedad de la vida, sino cómo decidimos utilizar el tiempo que tenemos. 🌿✨