«El arte de la felicidad» del Dalai Lama y Howard Cutler

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Si observamos con atención, veremos que la mayoría de nuestras preocupaciones y sufrimientos no provienen de las circunstancias externas, sino de la manera en que interpretamos esas circunstancias. Dos personas pueden vivir la misma situación y reaccionar de manera completamente diferente; la diferencia no está en lo que sucede, sino en la mente de cada uno.

La felicidad no es un estado que depende de lo que poseemos o de lo que logramos, sino de la paz interior que cultivamos. Muchas veces creemos que si conseguimos cierto objetivo, entonces seremos felices, pero cuando lo alcanzamos, pronto encontramos una nueva preocupación o una nueva meta que nos aleja otra vez de la paz.

El problema es que buscamos la felicidad en cosas que por naturaleza son inestables: el éxito, la aprobación de los demás, el placer, la comodidad. Pero la verdadera felicidad no depende de nada de eso. Es un estado mental que surge cuando aprendemos a aceptar la realidad como es, a vivir con gratitud por lo que tenemos en el presente, y a soltar el apego a lo que no podemos controlar.

La compasión es una de las claves más poderosas para la felicidad. Cuando dejamos de centrarnos en nuestras propias preocupaciones y empezamos a preocuparnos genuinamente por el bienestar de los demás, nuestro mundo se expande y encontramos un propósito más profundo. La mente que se obsesiona con uno mismo tiende a la insatisfacción, mientras que la mente que se abre a los demás encuentra paz.

Si quieres experimentar más felicidad en tu vida, no busques cambiar el mundo exterior. Trabaja en transformar tu interior. Aprende a entrenar tu mente para ver la belleza en lo simple, para no reaccionar con ira ante lo inevitable, para cultivar gratitud incluso en los momentos difíciles. La felicidad es un arte que se practica cada día, no un destino al que se llega.

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